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"Miserias y alevosías... anudan mis pensamientos". [Priv. Ivan]

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"Miserias y alevosías... anudan mis pensamientos". [Priv. Ivan]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 08, 2011 12:06 am

Abrí los ojos, observando de manera impasible y un tanto aburrida el mar que se abría ante mis ojos, mas abierto, infinito océano, horizonte indefinido, ruta incierta, destino temido, eso definía mi travesía en estos momentos, eso definía mi “vida” en el alta mar, inconscientemente una carcajada salió de mis labios, fría, extravagante, algo cruel y por que no decirlo…Lunática. Al fin y al cabo...como podría mantener al completo mi cordura si mis pensamientos y mi alma, mi espíritu y mi esencia estaban ligadas a un barco fantasma?, a un barco que nunca dejaría de recorrer las aguas, a un barco que me tomo como capitán hace tres años cuando morí en un naufragio, una sonrisa amarga cruzo por mis facciones unos momentos mientras dejaba el timón y bajaba unas escalerillas hasta llegar a cubierta, caminaba ya acostumbrado al vaivén típico del barco, así como a los crujidos que hacia la vieja y mohosa pero imponente y negruzca madera de…el Caleuche.

Al llegar a cubierta pude ver con mayor claridad a mis “tripulantes”, a mis “grumetes” , a aquellos que limpiaban este barco por medio de saltos, simplemente ladee el rostro mientras esbozaba una sonrisa picara, estos ante el simple gesto se giraron y me observaron con sus expresiones atontadas, con sus expresiones completamente embrujadas y emitiendo sonidos irreconocibles y guturales hicieron una pequeña “inclinación”, que provoco la caída abrupta de muchos, fruncí levemente el ceño…claro por unos instantes, para luego soltar una suave carcajada ante la vista que ellos provocaban, al fin y al cabo ellos habían recibido una maldición…una maldición por el barco que ahora capitaneaba, una maldición por los brujos que vienen cada viernes negro, cada martes trece o cada día que mereciera ser recordado, claro, todos sus “tripulantes” pecaron de ingenuos, creyeron poder espiar…creyeron poder saber que sucedía en el Caleuche sin ser descubiertos…otros, los mercaderes, creyeron que podían hacer tratos con el Caleuche y engañarle, engañarle y no sufrir las consecuencias….oh pobres ingenuos que ahora estaban aquí, deformes, tullidos, sin lengua…pero con su inteligencia intacta, al fin y al cabo...De que le servirían a el personas que no pudieran razonar al menos para realizar las simples tareas que un barco requería para su mantenimiento? Para nada…para nada claramente los eso el barco les dejaba la inteligencia, por eso el barco solamente les dañaba físicamente, pero…si, siempre hay peros…el barco les ataba a el, ataba su esencia con la cual el Caleuche se alimentaba, provocando que haci, si estos trataban de escapar, si estos desobedecían al capitán…obtendrían un final peor que la muerte.

Ante aquellos pensamientos el chileno sonrió mientras avanzaba tranquilamente a la Proa del barco, los tripulantes le daban el paso mientras seguían limpiando, manteniendo el barco siempre limpio y majestuoso, muchos morían en el proceso puesto que no se les alimentaba, eso provocaba que sus almas se quedasen en el lugar, siendo esa la sustancia con la que limpiaban…por que como si no el barco tendría un aire tan espeluznante?, a veces el chileno se preguntaba si el Caleuche no lo haría a propósito…peor la respuesta estaba clara, el barco tenia conciencia propia, el barco sabia lo que hacia, de echo el a pesar de ser el Capitán no era mas que otra pieza de Ajedrez en este juego, sonrió de manera irónica mientras escuchaba un susurro siseante y grave en su fuero interno “si…pero eres la pieza mas valiosa”, inconscientemente sonrió, al menos sabría que al ser la pieza mas valiosa el Barco le mantendría con vida…claro hasta que se aburriera de el.

“Como podría aburrirme del único rey que por cuenta propia decidió quedarse?” pregunto en un tono misterioso y burlón el barco mientras el reía con suavidad ante eso, el Caleuche podía decidir o designar un capitán de entre los Náufragos, pero nunca les obligaba a tomar el cargo, siempre les daba una segunda opción…”La ciudad de los cesares” hermosa ciudad oculta bajo el mar para aquellos que murieron navegando. Pero el Chileno no quiso esa segunda opción…el Chileno deseo quedarse sobre ese barco, deseo seguir “viviendo”, anhelo seguir navegando, y solo por esas razones se gano el respeto del barco que ahora navegaba, solo por esas razones podía decir tener un control sobre este, ya que solo por eso el barco le obedecía.

-Que pieza eres? -pregunto de repente recordando su modo de ver la estadía en el barco, al fin y al cabo en ningún momento fue dicho que esta fuese vista como un juego de ajedrez, en cambio…el chileno lo veía así.

“….” No hubo respuesta, solo silencio, un mero silencio hasta que escucho una melodiosa risa, el mismo sonrió levemente antes de mirar a estribor y ver a la Pincoya en la barandilla del barco. “El es tu reina…recuérdalo, el es tu mas fuerte guardián” dijo dicha mujer mientras sonreía de manera traviesa al chileno mientras el Pincoy le seguía con sus suaves risas, el chileno comprendió la extraña analogía y sonrió, al fin y al cabo..Siempre que estuviera sobre el barco o alrededor de este estaría completamente inmune, sobre el barco el era completamente inmortal.

-Y ustedes?-pregunto para recibir una mirada divertida de la Pincoya, que le susurro “somos tus caballeros, tus alfiles y tus torres”, y el chileno supo enseguida que no se refería solo a ella misma, sino a todas las criaturas presentes, esbozo media sonrisa y asintió mientras esta desaparecía lanzándose nuevamente al mar, nadando junto a su hermano y a la ves eterno esposo mientras el volvía a mirar el mar abierto, mientras el volvía a pensar en que su juego de ajedrez era casi perfecto, y que sus peones también estaban presentes…y no, no era su tripulación de “deudores”, ellos no podían ser llamados peones…al fin y al cabo, si el peón llega a la otra línea puede tomar cualquier puesto menos el suyo no es así?, solo por eso sus peones eran tan especiales, solo por eso sus peones también eran conformados en parte por la mitología y en parte por “otros seres”, por que al fin y al cabo, a pesar de tener a su familia, el nunca los incluiría en este eterno juego en el que se incluyo…claro esta, a menos que ellos decidan unirse por cuenta propia. Se carcajeo levemente mientras cerraba los ojos. Dejando que el barco siguiese avanzando, casi flotando por el mar, con una presencia casi etérea, rodeado siempre de espesa niebla, con un aura blanquecina que le hacia brillar, al fin y al cabo la esencia de los traidores y chismosos para algo debían de estar, con un capitán que gustaba de meditar, y al mismo tiempo con un rey que nunca ansiaría realmente su “libertad”, el barco siguió navegando, dejándose ver por estos mares…por que al fin y al cabo, de que le servía a dicho ser consiente ocultarse todo el tiempo?...eso era aburrido, a veces era mejor y mas entretenido dejar que otros barcos te viesen…que otros barcos se acercasen y bueno…Por que no…que otros barcos se “perdiesen” en su travesía.


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Re: "Miserias y alevosías... anudan mis pensamientos". [Priv. Ivan]

Mensaje por Ivan Braginsky el Lun Feb 14, 2011 5:58 pm

El mar estaba calmo. El cielo, parcialmente nublado. El humor de Iván… a medias. Caminaba por la cubierta de un lado a otro, paseándose insistentemente mientras miraba de reojo a los cuatro hombres encadenados por el cuello, sin ropa además de sus incómodos interiores. Éstos temblaban con violencia, tanto que sus cadenas comenzaban a tintinear. El ambiente en el barco estaba tenso y varios de los tripulantes estaban parados alrededor de los idiotas desafortunados, esperando el momento de ver a su capitán ejecutándolos sin piedad.

Aquellos hombres estaban ahí cada uno por una razón diferente. El primero, de izquierda a derecha, había intentado atacar al capitán de ojos violeta con una daga envenenada mientras éste le daba la espalda. El segundo había derramado aceite caliente a propósito sobre el barco dejando una fea quemadura en la zona del timonel. El tercero había intentado robar el contenido de uno de los tesoros saqueados para luego huir… pobre tipo, Iván le encontró justo antes de poder escapar. Finalmente el cuarto… no había hecho nada; iban a ejecutarlo porque al capitán de cabellos rubio ceniza le daba la gana.

De un momento a otro los pasos del hombre se detuvieron frente al primer sujeto, el sonido desesperante que hacían sus botas deteniéndose haciendo que los condenados se asustaran más en vez de relajarse al haberse detenido ese incesante claqueteo. Todo se sumió en el casi completo silencio, pues lo único que se escuchaba eran las agitadas respiraciones de los temblorosos tripulantes que, pronto, tomarían una nave nueva que les llevaría al más allá; la última parada en barco para los lobos de mar. El sonido de las cadenas se incrementó en el instante en que, en el rostro de Iván, se dibujaba una cínica y demente sonrisa. Tomó un poquito de aire respirando aquel aroma a agua de mar que tanto le gustaba… aroma que pronto se mezclaría con el de la sangre fresca.

- …Nee… - su voz resonó en el silencio con un escalofriante toque infantil. El aludido agachó su cabeza para no mirar a su expresión, para no ver al demonio antes de morir. Continuó hablando sin dejar de lado aquel tonito que tanto le caracterizaba - …Te has portado muy mal~ Lo sabes, ¿Da~? – el hombre asintió velozmente y comenzó a excusarse, comenzando a nombrar rápidamente miles de razones por las que debía seguir con vida, entre esas había una que nombrara a su interminable “familia”. Apenas este dijo “debo alimentar a mis hermanos” el ruso alzó una mano y la posó en su frente. El otro calló inmediatamente al sentir el frío cuero sobre su piel, asustado - … Te diré algo… - subió su otra mano posándola en el cuello ajeno, presionándolo con fuerza. El afectado no tardó en sentir la falta de aire. – Tu vida… - su tono de voz bajó de golpe, su expresión se tornó más sombría mientras su sonrisa se mantenía. El hombre no pudo evitar alzar la mirada, desesperado, rogando en silencio por aire, ahogado en sus propias quejas. - … Acaba de terminar… kolkolkolkolkolkolkol~ - apretó con más fuerza el cuello ajeno mientras que, con su otra mano, tiraba la cabeza del tipo hacia atrás rompiendo su cuello de forma inmediata. El pobre hombre sintió como sus huesos atravesaban su garganta, llenando aquella cavidad de sangre, sus ojos se volvieron lentamente hacia atrás mientras que, de sus labios, brotaba un poco de sangre. “Que aburrido” pensó el ruso observando el cuerpo sin vida del hombre “se murió demasiado rápido…” ladeó su cabeza con inocencia y luego volteó su mirada hacia los otros. Su sonrisa se acrecentó cuando pensó “… pero aún me quedan más juguetes”. Los demás encadenados se asustaron a sobre manera al ver su expresión, al ver a aquel fallecido compañero colgando de la cadena que les unía del cuello. Los cuatro cayeron al piso en efecto dominó por culpa del peso muerto que hacía el recién fallecido.

El sanguinario capitán, desde sus ropas, sacó un sable que desenfundó. Con el mismo señaló hacia el siguiente condenado, posando en su cuello la punta del mismo. No le dejó ni siquiera hablar, solo cortó su yugular y ya. La sangre comenzó a caer a borbotones al piso mientras el ruso “kolkoleaba” sin detenerse. A pesar de que el hombre ya estaba muerto alzó la espada y comenzó a propinar golpes sobre el cuerpo del fallecido, destazándolo totalmente y dejándole irreconocible. El odor de la sangre comenzó a llenar la cubierta mientras el tercero de los condenados observaba como los demás tripulantes miraban el espectáculo sin decir palabra, quizás igual de asustados que él. Iván se posicionó frente al tercero de los condenados y clavó el sable en su ojo, sin más y retorciéndolo en el interior de su cuenca para ver si podía destrozar parte del cerebro del hombre. Este chilló de dolor mientras sentía la vida escapando de su cuerpo. Cuando por fin murió observó al restante, este estaba arrodillado, inclinado levemente hacia el lugar de los fallecidos puesto que la cadena de su cuello le obligaba a estar en esa posición. Rogaba por su vida, lloraba desesperado… pero él le vio indolente.

- Nee… no quieres morir por el sable y tampoco quieres morir por mis manos… ¿Da~? – el chico asintió, espantado, horrorizado por la carnicería que había a su lado. El ruso mostró una leve sonrisa en sus labios mientras guardaba la espada en su funda – Entonces no te mataré~ - todos a su alrededor miraron, anonados… ¿El capitán estaba teniendo compasión? El chico soltó un suspiro un tanto aliviado… hasta que sintió que sus pies se despegaban del piso junto con los cuerpos de los demás. Alzó la vista hasta Iván, este tenía los brazos extendidos hacia él, unas sombras cubrían las cuencas de sus ojos. Entonces cayó en cuenta, recordando que aquel afamado capitán sabía magia negra. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas - … Te matará… el mar~ - su sonrisa cínica aumentó luego de aquél susurro mientras impulsaba al chico y a los muertos fuera del barco, tirándolos por la borda. Los tripulantes miraron con miedo, otros con odio a su capitán pues tenían bien claro que el último en morir era un esclavo inocente. Él, el pirata de ojos violeta, tenía sus ropas manchadas en sangre al igual que su rostro, la mirada de su tripulación tampoco logró inmutarle. Observó a su alrededor sin la sonrisa y ladeó un poco su cabeza mientras pronunciaba – Si no quieren terminar así… dejen de mirar y a trabajar, kolkolkolkolkol~… - no debió decir más, todos corrieron a sus puestos mientras unos grumetes limpiaban la sangre.

Tal como lo había pensado, el aroma del aire se había mezclado… ahora le agradaba más. Caminó dejando pasos de sangre hasta la proa del barco, quería mirar el paisaje que se extendía frente a su nave en busca de tierra… ya que uno de los hombres que mató era su vigía. Soltó un suspiro mientras observaba para luego murmurar – Solamente eran vidas inútiles… solo eran perros queriendo jugar en el mar.

Pasaron varios minutos en los que miró al frente. Varios tripulantes le sugirieron con mucho respeto que cambiara sus prendas por otras limpias o que al menos limpiara su rostro de aquella sangre impura que fue derramada, pero él se negó porque quería seguir mirando al horizonte. Nada… nada… nada… ¡Alto! Ya era la séptima vez que le ofrecían lo mismo cuando pudo divisar a la distancia una especie de niebla que brotaba de un barco… curioso, pensó. Por un instante tuvo la sensación de conocer aquél navío, ése sentir se desvaneció con la misma velocidad que había aparecido. Por alguna razón el aire comenzó a helarse, por alguna razón le pareció que aquél barco tenía una apariencia… fantasmal. Negó con su cabeza, de seguro era extensa imaginación jugando bromas pesadas.

¿Qué tenía aquel barco que le llamaba la atención? Quizás lo sabría si se acercaban lo suficiente. Volteando hasta su tripulación les ordenó que se acercaran a aquél barco para ver quién era el dueño. Si era algún millonario entonces robarían todo, si era otro pirata… bueno, dependía.

Luego de dar las órdenes pertinentes sonrió a sus compañeros piratas. Algunos le miraban con miedo, otros con rostros indiferentes pues se habían acostumbrado a ese tipo de espectáculos. Haciendo caso omiso de sus expresiones fue hasta su cuarto. Seguiría los consejos y cambiaría su vestuario.
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